Perspectiva 2026: el reto de la productividad

La economía española llega a comienzos de 2026 con un pulso sólido: el crecimiento se mantiene firme y la inflación vuelve a moderarse, lo que contribuye a sostener el consumo y la confianza. El PIB cerró 2025 con un avance del 2,8% y aceleró en el último trimestre (+0,8% trimestral), impulsado especialmente por la demanda interna - consumo de los hogares e inversión-, mientras que el sector exterior restó al crecimiento. En paralelo, los precios arrancan el año con menos presión: el IPC adelantado de enero se sitúa en el 2,4% interanual (cinco décimas menos que en diciembre) y la inflación subyacente se mantiene en el 2,6%, con la energía -carburantes y electricidad- como principal factor de alivio.

En el plano laboral, el balance estructural sigue siendo positivo, pese al patrón estacional de enero. La afiliación media a la Seguridad Social alcanza 20,5 millones de personas, con un aumento interanual de 498.169 afiliados (+2,3%), máximo histórico para un mes de enero, aunque la caída mensual responde al fin de la campaña navideña. Corregido el efecto estacional, el dato es consistente con un mercado que sigue creando empleo. El paro registrado sube en el mes en +30.392 personas hasta los 2,439 millones, pero baja con fuerza en la comparación anual (–160.381 personas; –6,17%).

Donde aparecen más matices es en la calidad y el aprovechamiento del empleo. La temporalidad mantiene niveles históricamente bajos: en el cuarto trimestre de 2025, la tasa general de asalariados se sitúa alrededor del 15,1% y en el sector privado cerca del 12,4%. Además, la EPA refleja un aumento de asalariados indefinidos y una reducción de temporales en el trimestre, lo que confirma el cambio estructural frente a años anteriores. Al mismo tiempo, crece el peso del empleo a tiempo parcial y persiste un volumen relevante de subocupación involuntaria (personas que trabajan menos horas de las que querrían), un indicador que sugiere una capacidad productiva infrautilizada y presión sobre rentas.

Finalmente, el binomio productividad–absentismo ayuda a explicar por qué, con un crecimiento robusto del empleo, el salto en eficiencia es más limitado. Los análisis recientes apuntan avances moderados de productividad (con desaceleración respecto a trimestres anteriores), en un contexto donde el crecimiento depende mucho del aumento de los factores (empleo e inversión) y menos de mejoras estructurales. A ello se suma un absentismo aún elevado: en el tercer trimestre de 2025, la tasa alcanzó el 6,6% de las horas pactadas —incluyendo un 5,2% asociado a incapacidad temporal—, reduciendo las horas efectivas disponibles y, con ello, la productividad agregada.

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