Las empresas siguen enfrentándose a dificultades para encontrar el talento que necesitan, pero el principal desafío ya no reside únicamente en las hard skills. Según el estudio "Desajuste de talento 2026", las soft skills se han convertido en el mayor obstáculo para cubrir vacantes, situándose por delante de las competencias técnicas más demandadas.
En los candidatos junior, la ausencia de determinadas competencias suele interpretarse como una señal de alerta o red flag para las empresas. La profesionalidad y la ética de trabajo encabezan esta lista, ya que el 42% de las organizaciones las identifica como las competencias más difíciles de encontrar. A continuación, se sitúan la adaptabilidad y la disposición para aprender (40%), la comunicación, la colaboración y el trabajo en equipo (39%), así como el pensamiento crítico y la resolución de problemas (34%). La gestión del tiempo también aparece entre las carencias más señaladas, mencionada por el 18% de las empresas.
A este desafío se añade la escasez de determinadas competencias técnicas, cada vez más demandadas por las empresas como consecuencia de la transformación tecnológica que está redefiniendo todos los sectores de actividad. Entre las hard skills más difíciles de encontrar destacan el desarrollo de modelos y aplicaciones de inteligencia artificial (28%), las competencias relacionadas con IA (22%), la producción y fabricación (17%), el marketing y las ventas (16%) y la ingeniería (16%).
"El estudio evidencia que la empleabilidad depende cada vez más de la combinación entre conocimientos técnicos y competencias humanas. En un entorno laboral marcado por la inteligencia artificial y la automatización, habilidades como la capacidad de adaptación, la comunicación o el pensamiento crítico se han convertido en factores diferenciales para acceder y progresar en el empleo. Las habilidades técnicas seguirán siendo imprescindibles, pero son las habilidades blandas las que marcan la diferencia a la hora de incorporarse al mercado laboral,” afirma Orestes Wensell, director general de Talent Solutions.
Microcredenciales para acercar la educación al empleo
Para dar respuesta al desajuste existente entre las competencias que demandan las empresas y las que acreditan muchos jóvenes al incorporarse al mercado laboral, Junior Achievement Europa lanzó en 2024 EMPASS, un programa financiado por la Unión Europea a través de Erasmus+ que impulsa un sistema de microcredenciales para validar, desarrollar y hacer visibles las competencias transversales más demandadas por los empleadores.
El proyecto, desarrollado por un consorcio de 14 entidades y liderado en España por ManpowerGroup, Fundación Junior Achievement, Escola del Treball y Zurich Seguros, busca reducir la brecha entre educación y empleo mediante una evaluación estandarizada de habilidades blandas y una ruta de aprendizaje personalizada que ayuda a los estudiantes a identificar áreas de mejora y a reforzar su preparación para el mercado laboral.
El programa piloto se ha implementado en España, Grecia y Rumanía, donde más de 1.500 jóvenes han obtenido ya la certificación EMPASS, superando los objetivos iniciales del proyecto y demostrando el potencial de las microcredenciales para mejorar la empleabilidad juvenil y facilitar la conexión entre centros educativos, empresas y el mundo profesional.
La certificación EMPASS evalúa once competencias transversales clave para la empleabilidad: comunicación, proactividad, responsabilidad, atención al detalle, aprendizaje continuo, resolución de problemas, compromiso, pensamiento crítico, resiliencia, trabajo en equipo y escucha activa.
La acogida entre estudiantes, docentes y empleadores ha sido muy positiva. Los participantes destacan un aumento de la confianza, una mayor alineación entre la educación y las necesidades del mercado de trabajo y una mejor visibilidad de las competencias transversales en los procesos de empleabilidad y selección. Además, la retroalimentación continua de estudiantes, educadores y empresas ha permitido perfeccionar el modelo de certificación a lo largo de toda la fase piloto, reforzando su potencial de escalabilidad a nivel europeo.